Entrando en la fase preadolescente de mi vida en los ensayos clínicos.
Creo que esta ocasión merece un reencuentro, así que quiero retomar el contacto con todos vosotros y contaros dónde he estado durante este tiempo. Confieso que he estado muy desaparecida, sumergida en la tesis doctoral, que por fin he depositado y solo me queda defenderla. ¡Ya se ve la luz al final del túnel!
Estos nueve años han sido muy enriquecedores. Durante cinco de ellos, he tenido esta pequeña ventana al exterior para dar a conocer un poco más sobre lo que hacemos los coordinadores de ensayos. Ha sido un viaje de crecimiento y aprendizaje conjunto, y, por qué no, también de quejas compartidas y desahogo.
Nuestro objetivo ha permanecido constante: #ourpatientsourpriority.
He aprendido tanto de vosotros, los pacientes, os llevo siempre en mi memoria. He compartido risas, lágrimas, despedidas, «hasta luegos». He seguido caminando a vuestro lado y ahora también junto a vuestras familias, con quien os seguimos recordando con cariño.
Estos nueve años han estado llenos de queries, consultas, carreras por los pasillos, DCFs, entradas de datos, cortes de bases de datos, y esas interminables hojas de Excel. He vivido auditorías, reuniones presenciales de investigadores, y durante la pandemia, todo se volvió online. Monitores remotos, presenciales, por mail, por teléfono…
He intentado, desde mi posición, hacer las cosas bien y asegurar que se tenga en cuenta a los pacientes en el desarrollo de nuevos ensayos clínicos.
9 años de conocer a médicos nuevos, residentes entusiastas, secretarías, auxiliares, enfermeras, y compañeras coordinadoras que se han convertido en amigas. También he compartido momentos con otros servicios que se sienten casi como parte de la derma familia, disfrutando de desayunos juntos.
Estos nueve años han estado llenos de proyectos, del doctorado, y de ideas locas que no dejan de fluir, cuando aun no he terminado un trabajo, ya estoy involucrada en el siguiente. Cada mañana, me levanto sin la pereza de ir a trabajar, porque cada día es diferente al anterior. Sé que no hay un minuto de aburrimiento, solo tiempo para trabajar por y para vosotros, los pacientes.
Aquel salto a la piscina sin saber si estaba llena mereció la pena, y me he dado cuenta que puedo nadar como una más en este mundo, disfrutando de ello como pez en el agua.
¡Vamos a por el décimo!